Perú alcanzaría el segundo puesto regional en minerales críticos si cuenta con apoyo de EE.UU.
La competencia global por asegurar el suministro de minerales críticos ha colocado a América Latina en el centro de una nueva dinámica estratégica. En ese contexto, Perú dio un paso relevante al suscribir un Memorándum de Entendimiento (MdE) con Estados Unidos orientado a fortalecer la cooperación bilateral en estos recursos, incluidos los vinculados a tierras raras.
El acuerdo, de naturaleza no vinculante, establece un marco de colaboración que contempla apoyo financiero, transferencia tecnológica y coordinación institucional para el desarrollo de proyectos relacionados con minerales considerados estratégicos por Washington. La iniciativa se inscribe en una agenda más amplia impulsada por la administración estadounidense para diversificar fuentes de abastecimiento frente a la creciente concentración de la cadena de suministro global en Asia.
Actualmente, Perú produce siete minerales incluidos en el listado oficial del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS): boro, cobre (minado y refinado), plomo, roca fosfórica, plata, estaño y zinc. Estos recursos ya forman parte del comercio internacional y posicionan al país como el cuarto productor latinoamericano en el universo de minerales críticos, detrás de Brasil.
No obstante, el potencial geológico peruano va más allá de su producción actual. De acuerdo con información oficial, el país podría incorporar hasta 12 minerales adicionales a su portafolio, entre ellos níquel, cobalto, manganeso, arsénico, indio y litio. Si ese desarrollo se concreta, Perú alcanzaría un total de 19 minerales críticos producidos, lo que le permitiría escalar al segundo lugar regional, superando a México y Bolivia, que actualmente registran nueve.
La posibilidad de ampliar la producción está vinculada directamente a la capacidad de atraer inversión, acelerar exploraciones y fortalecer la información geológica disponible. En ese sentido, el MdE podría convertirse en un instrumento catalizador, siempre que el apoyo prometido se traduzca en mecanismos efectivos de financiamiento y cooperación técnica.
En paralelo, la cartera minera peruana muestra una base significativa sobre la cual podría apalancarse esta estrategia. Según datos del Ministerio de Energía y Minas (Minem), existen 59 proyectos vinculados a minerales críticos en distintas etapas de desarrollo, cuya inversión acumulada supera los US$ 48 mil millones. A ello se suman 62 iniciativas en fase de exploración, con un presupuesto conjunto superior a US$ 500 millones.
Sin embargo, la distribución de esa inversión revela una concentración marcada en el cobre, mineral que domina tanto en proyectos de inversión como de exploración. Otros recursos estratégicos carecen de iniciativas específicas o figuran solo como subproductos dentro de operaciones polimetálicas. Esta estructura limita la diversificación productiva y mantiene al sector expuesto a la volatilidad de un solo commodity.
Desde la perspectiva estadounidense, el interés en Perú responde a una lógica geopolítica más amplia. La disputa por minerales críticos con China —principal productor y refinador global— ha llevado a Washington a firmar acuerdos similares con múltiples países. Perú se ubica entre los primeros en formalizar este entendimiento dentro de esa estrategia.
El MdE no solo contempla cooperación financiera, sino también la posibilidad de establecer mecanismos de mercado que otorguen mayor previsibilidad a los proyectos. Entre las propuestas se ha mencionado la creación de un entorno comercial preferencial, que podría incluir precios de referencia o esquemas que reduzcan la exposición a la volatilidad internacional.
Para especialistas, el verdadero impacto del acuerdo dependerá de la capacidad del país para traducir el interés externo en políticas internas concretas. Ello implica reforzar las capacidades técnicas del Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico (Ingemmet), actualizar información geocientífica y revisar procesos administrativos para otorgar mayor eficiencia sin sacrificar estándares ambientales.
Además, analistas advierten que el acercamiento con EE.UU. no debería interpretarse como exclusividad estratégica. Perú mantiene relaciones comerciales con múltiples destinos y deberá equilibrar su inserción internacional para maximizar beneficios sin restringir mercados.
En términos estructurales, el escenario abre una discusión más amplia sobre la necesidad de una política de Estado en minerales críticos. El desarrollo de estos recursos no solo tiene implicancias económicas, sino también industriales y tecnológicas, en un momento en que la transición energética y la digitalización global incrementan su demanda.
Si el país logra convertir su potencial geológico en producción diversificada, podría modificar su posicionamiento regional y reducir la concentración actual en cobre. El desafío radica en pasar del diagnóstico a la ejecución, articulando inversión, regulación y estrategia internacional bajo una visión de largo plazo.
Fuente: Gestión










