La ciberseguridad en minería se ha convertido en un factor clave para proteger la continuidad de las operaciones. En Perú, donde el sector minero representa cerca del 60% de las exportaciones, una interrupción tecnológica puede afectar procesos críticos de producción y generar importantes impactos económicos.
Actualmente, los responsables de la estrategia tecnológica deben gestionar miles de endpoints, dispositivos industriales conectados y aplicaciones críticas distribuidas entre oficinas, campamentos mineros y plantas de procesamiento. Esta creciente interconexión aumenta la complejidad de las operaciones y amplía la superficie expuesta a posibles ataques cibernéticos.
Para Leonardo González, director regional para América Latina de Ivanti, el desafío no consiste únicamente en identificar y corregir el mayor número posible de vulnerabilidades, sino en determinar cuáles representan una amenaza real para la continuidad del negocio.
“Para un CIO del sector minero, la prioridad ya no es remediar la mayor cantidad de vulnerabilidades, sino identificar aquellas que realmente podrían interrumpir la producción y priorizarlas según su impacto operativo, no únicamente por su severidad técnica”, señaló.
Ciberseguridad en minería debe priorizar activos críticos
En una operación minera, este enfoque implica prestar especial atención a las vulnerabilidades capaces de detener procesos productivos. Entre ellas destacan aquellas que afectan a los sistemas SCADA y otros entornos de tecnología operacional (OT).
A partir de esta evaluación, González identifica tres prioridades para los CIO del sector. La primera consiste en reconocer los activos que respaldan directamente la producción y convertir su protección en una prioridad.
La segunda apunta a evaluar cada vulnerabilidad según el riesgo que representa para el negocio, en lugar de considerar únicamente su nivel de severidad técnica.
Finalmente, resulta necesario contar con una visibilidad unificada de los entornos de tecnologías de la información (TI) y tecnología operacional (OT). Esto permite comprender cómo un incidente podría propagarse y afectar otros procesos de la operación.
Gestión de vulnerabilidades basada en riesgos
Este escenario está modificando la manera en que las empresas gestionan la ciberseguridad en minería. Una de las estrategias que gana relevancia es la Gestión de Vulnerabilidades Basada en Riesgo (Risk-Based Vulnerability Management o RBVM).
“Su valor no radica en detectar más vulnerabilidades, sino en priorizarlas según la criticidad del activo afectado, la probabilidad de explotación y el impacto operativo de una posible interrupción”, explicó González.
Bajo este enfoque, los recursos destinados a la remediación pueden concentrarse en aquellos puntos que representan una mayor amenaza para la producción y la continuidad del negocio.
Mayor inversión no siempre significa mayor preparación
El incremento del presupuesto destinado a ciberseguridad tampoco garantiza por sí solo una mejor capacidad para enfrentar amenazas.
Según el informe State of Cybersecurity 2026 de Ivanti, el 83% de las organizaciones aumentó sus presupuestos de ciberseguridad durante el último año. Sin embargo, solo el 30% asegura sentirse altamente preparado para enfrentar los riesgos actuales.
Un antecedente que evidencia las consecuencias económicas de un incidente es el ataque de ransomware que sufrió Norsk Hydro en 2019. De acuerdo con la empresa, el evento generó pérdidas aproximadas de US$70 millones.
Para González, estas situaciones muestran que el desafío no pasa únicamente por aumentar el gasto, sino por determinar cuáles son los riesgos que realmente podrían comprometer la continuidad operativa.
Convergencia entre TI y OT aumenta los desafíos
Otro factor que eleva la complejidad es la creciente convergencia entre los entornos de TI y OT. Ambos comparten cada vez más procesos, información y activos críticos dentro de las operaciones industriales.
Como consecuencia, una vulnerabilidad localizada inicialmente en un dispositivo aparentemente secundario podría propagarse hasta generar consecuencias operativas.
Esta interdependencia refuerza la necesidad de evaluar las amenazas no solo mediante criterios técnicos, sino también considerando su potencial impacto en la producción y el negocio.
Tres pilares para fortalecer la ciberseguridad en minería
Frente a este escenario, la gobernanza tecnológica de las operaciones mineras debería estructurarse sobre tres pilares.
El primero es la Gestión de Vulnerabilidades Basada en Riesgo (RBVM), que permite priorizar activos y vulnerabilidades según su importancia dentro de la operación.
El segundo consiste en alcanzar una visibilidad unificada de TI y OT, mediante herramientas automatizadas capaces de identificar puntos únicos de falla y dependencias entre ambos entornos.
El tercer pilar es la Gestión Autónoma de Endpoints (Autonomous Endpoint Management). Estas plataformas pueden detectar anomalías, recomendar acciones y acelerar la remediación sin afectar las ventanas de mantenimiento requeridas por las operaciones industriales.
En este contexto, la gestión de la ciberseguridad en minería ya no debería medirse únicamente por la cantidad de vulnerabilidades corregidas. El objetivo es contar con información suficiente para priorizar los riesgos capaces de afectar la producción y proteger así la continuidad operativa.





