BCRP alerta que reforma minera podría frustrar el buen momento del cobre y el oro en Perú
El Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) advirtió que el actual contexto favorable para la minería, impulsado por la subida de los precios del cobre y del oro, podría verse afectado por los cambios recientemente aprobados en la Comisión de Energía y Minas del Congreso.
Durante la presentación del Reporte de Inflación de marzo de 2026, el presidente del BCRP, Julio Velarde, señaló que la reforma planteada a la Ley General de Minería podría convertirse en un factor de desincentivo para nuevas inversiones, pese a que el país atraviesa un escenario externo particularmente positivo para sus exportaciones mineras.
Según las proyecciones del ente emisor, los términos de intercambio alcanzarían en 2026 el nivel más alto desde que se tiene registro. En ese marco, el BCRP estima que el precio del cobre se ubique en US$ 5.55 por libra, por encima de los US$ 4.51 registrados en 2025, mientras que el oro llegaría a US$ 4,702 por onza, superando los US$ 3,442 del año anterior.
Este comportamiento representa un alivio para la economía peruana, no solo por el mayor valor de las exportaciones mineras, sino también por su impacto en la recaudación fiscal y en el pago de impuestos vinculados a la actividad extractiva. Sin embargo, Velarde consideró que ese entorno podría desaprovecharse si no se preservan condiciones adecuadas para atraer capitales al sector.
“Obviamente va a afectar la inversión minera. Un tema como este debería ser una cuestión técnica, comparar cómo funciona en otros países, analizar los costos, y solo después de ello, podría surgir un proyecto de ley. Acá muchas veces parece primar la ideología y no los aspectos técnicos. Tal como está, esto desalienta inversiones”, remarcó.
El titular del BCRP también cuestionó que el debate no haya incorporado una evaluación más profunda sobre los tiempos reales que demanda desarrollar un proyecto minero. En esa línea, recordó que los plazos de permisos y autorizaciones pueden extenderse por varios años, lo que complica el cumplimiento de exigencias rígidas para las concesiones.
“Hace poco me reuní con una de las mineras más grandes del mundo […] se ha asociado a una concesión que ya tiene como 15 años, pero por varios problemas no ha podido desarrollarse. No es tan fácil desarrollarla. Por eso debe haber un análisis técnico de cuánto demoran los permisos que autorizamos. Por ejemplo, hace poco una compañía minera decía en una entrevista que solo los permisos le tomaron 11 años”, indicó.
La preocupación surge luego de que la Comisión de Energía y Minas aprobara, con 11 votos a favor, uno en contra y tres abstenciones, una modificación a la Ley General de Minería que incorpora beneficios obligatorios para comunidades ubicadas en zonas de influencia minera y establece sanciones a concesiones que no produzcan dentro de determinados plazos.
Para distintos actores del sector, estas medidas podrían elevar la incertidumbre y reducir el atractivo del país para nuevas inversiones. El tema cobra mayor relevancia en un momento en que el Perú cuenta con una cartera de 68 proyectos mineros valorizada en US$ 63,055 millones, de los cuales 36 corresponden a cobre por US$ 45,487 millones y 8 a oro por US$ 7,825 millones.
En paralelo, el BCRP elevó su proyección de crecimiento de la inversión privada para este año de 5% a 9.5%. Velarde sostuvo que existe entusiasmo por invertir en minería, especialmente en un contexto de altos precios internacionales, aunque advirtió que dicho impulso podría perder fuerza si el marco regulatorio no brinda predictibilidad.
“La inversión minera creció el año pasado 19.3%. Para este año hemos sido moderados en cuanto al estimado de crecimiento (9.5%). Sin embargo, estuve en la reunión de mineros de Toronto y, en un contexto de altos precios de los minerales, vi bastante entusiasmo por invertir en nuevos proyectos. Creo que, si los precios se mantienen, probablemente tengamos un buen año de inversión minera [en el Perú]”, comentó.
Así, el escenario para la minería peruana aparece marcado por una paradoja: mientras el mercado internacional ofrece condiciones excepcionalmente favorables para el cobre y el oro, la discusión regulatoria interna amenaza con debilitar parte de ese potencial.










