La minería global gira hacia expansiones brownfield ante la escasez de nuevos yacimientos de cobre
La industria minera global atraviesa una transición estructural marcada por una creciente dependencia de desarrollos brownfield, impulsada por la limitada incorporación de nuevas minas en terrenos no explotados y, en particular, por la escasez de grandes yacimientos de cobre listos para entrar en producción.
Esta tendencia se explica por el aumento sostenido de la demanda de cobre, asociado a la transición energética, la electrificación del transporte, la expansión de los centros de datos y la digitalización avanzada de la economía. Sin embargo, la respuesta del lado de la oferta no está llegando a través de nuevos proyectos greenfield, sino mediante ampliaciones cada vez más profundas y complejas en distritos mineros maduros.
Un reciente estudio del Instituto de Minerales Sostenibles de la Universidad de Queensland, publicado en la revista científica OneEarth, analizó el comportamiento de la inversión minera global entre 1998 y 2024. La investigación evaluó 366 operaciones brownfield distribuidas en 58 países y 16 minerales, junto con datos de producción, exploración y gasto de capital a escala mundial.
Los resultados muestran que el número de nuevas minas alcanzó su punto máximo hace más de una década en la mayoría de los principales commodities. En el caso del cobre, el pico se registró alrededor de 2015, mientras que en hierro ocurrió a inicios de los años 2000, en níquel entre 2010 y 2012 y en oro entre 2012 y 2014. Desde entonces, el crecimiento productivo se ha sostenido principalmente mediante expansiones de minas existentes.
El cobre concentra casi la mitad del gasto de capital destinado a proyectos brownfield a nivel global, seguido por el oro, el hierro y el níquel. La mayor parte de estas inversiones corresponde a ampliaciones físicas, desarrollo de nuevas áreas dentro de operaciones activas y extensiones de vida útil, mientras que la optimización de procesos y la reapertura de minas tienen una participación marginal.
A nivel geográfico, Chile lidera la inversión brownfield mundial, captando más del 25% del capital total, seguido por Estados Unidos y Australia. Este liderazgo refleja tanto la madurez de sus distritos mineros como la necesidad de sostener la producción en contextos de leyes decrecientes y mayores exigencias técnicas.
No obstante, el análisis también advierte sobre riesgos acumulativos relevantes. Cerca del 80% de los sitios brownfield estudiados se ubican en zonas con múltiples factores de riesgo, como estrés hídrico, debilidades institucionales y proximidad a áreas de alta biodiversidad. Estos elementos plantean desafíos crecientes para la viabilidad de largo plazo del modelo actual.
La evidencia sugiere que, si bien la expansión brownfield permite sostener la producción de minerales críticos en el corto y mediano plazo, resulta insuficiente por sí sola para garantizar el abastecimiento futuro de cobre y otros metales estratégicos. En ese contexto, la minería global enfrenta el desafío de equilibrar inversión, sostenibilidad y aceptación social en un escenario donde los grandes descubrimientos greenfield son cada vez más escasos.
Fuente: Ing. Juan Manuel Lira

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